Entrega de Junio
Mi corazón piensa
Mi hija me dice antes de dormirse:
—Mamá, yo no me quiero morir.
Después añade:
—Mamá, mi corazón piensa.
Y yo le digo:
—Será el cerebro.
Y me dice:
—No, mi corazón es el que piensa y el cerebro es el que hace que mueva un brazo, por ejemplo.
Ahí me quedo yo muerta.
Todo por la App
Descarga la App. Está todo en la App. Míralo en la App. Reserva por la App. Paga por la App. Conéctate por la App.
Creo que estoy en Disney World, quizá en Magic Kingdom, mirando la App, reservando por la App, organizando por la App. Y digo creo, porque podría estar en cualquier sitio mirando la pantalla de mi móvil: reservando por la App, organizando por la App, controlando por la App. No me dejan levantar la mirada.
Los seres de mi alrededor tampoco saben muy bien dónde están. Podría ser cualquier sitio. Tampoco ellos levantan su mirada.
Pido la comida por la App, la recojo por la App. No interactúo con nadie. Hago el check in y check out del hotel por la App. No hace falta interactuar con ningún humano.
Creo que estoy en Disney World. Podría ser que no.
Tengo las entradas en la App, puedo comprar el merchandising por la App y recogerlo en la ventanilla a la que llegas gracias a la ruta en la App.
Solo me quedaría grabar el ride en la App. Pero a eso ya me niego.
Levanto la mirada. Observo la cara de incredulidad de mi hija que saluda a los cast members, que se emociona porque ve a Moana y porque Grumpy de Blancanieves la ha abrazado. Esto afortunadamente no hace falta que esté en ninguna App. No tengo fotos de mi visita a Magic Kingdom. Me he negado a sacar la App para hacer las fotos de esos momentos mágicos que quedarán entre ella y yo. Quizá ella no se acuerde cuando crezca, pero yo sí. Hasta que la App de mis neuronas quiera y pueda.
Transformada en animal
Día 1
Mi hija llega tarde de nuevo al colegio. Tiene seis años, no le puedo echar la culpa a ella. O sí…
Según la madre coraje de una compañera de mi hija con la que nos encontramos en la puerta, tengo que ver una película en la que la progenitora se convierte en animal. Me lo dice riéndose cuando le cuento que he pasado una hora incapaz de vestir a mi hija.
Entramos en el colegio. Otra vez la profesora me mira por si tengo explicación de la llegada tarde de mi criatura. Como ya me he transformado en animal, no hablo.
Día 2
Hoy he gritado y castigado a mi hija que ha implementado sobre mí una guerra de desgaste. Lo ha conseguido, he salido de mi cuerpo varias veces y he quemado en mi mente los libros de disciplina positiva que me leí por motivos profesionales en otra vida. Después he impuesto varios castigos y me he alegrado de ya no tener actividad profesional en la que ensalzar las grandezas de la disciplina positiva.
El permiso de la lluvia
Cuando llueve estoy en paz. No sé desde cuándo ocurrió esto. Pero ver la lluvia desde una ventana hace que mi nervio vago (ese que está tan de moda ahora) desee abrigarse, coger una manta, un chocolate caliente y leer un libro. Me da igual que sea en verano o invierno, el deseo es el mismo. He encontrado en la lluvia el permiso para no tener que hacer nada. Solo estar en casa. Que es uno de los placeres de mi falta de valentía, de mi poca capacidad de risk taking y de mi nueva necesidad de rutina. Cuanto más fuerte llueve, más me relajo. No vaya a ser que, si solo chispea, tenga que salir a hacer algo fuera de casa.
Estoy bien cuando no trabajo
Día 1
Llevo un día sin trabajar. Cuando me preguntan cómo estoy, se me descontrolan los músculos de la cara y tengo que ahogar la carcajada. No tener que trabajar es de una obscenidad insultante. Alguien me ha preguntado si no me va a faltar algo… no, no me falta nada, es la primera vez desde que cumplí un año que estoy donde quiero estar, como quiero estar y con quien quiero estar.
Día 30
A mi edad la mejor barra libre a la que me pueden invitar es a la del cuadro médico de Sanitas, sin copago. Cuando me encuentre bien, puedo volver a trabajar, me ha dicho el médico. Yo me encuentro bien cuando no trabajo. Llevo un mes de investigación y trabajo de campo exhaustivo. Las conclusiones del método científico: estoy bien cuando no trabajo.